La balanza entre el bien y el mal terminó por caer hacia el lado que más pesaba.

Estaba claro que una pluma que vuela a merced de su escaso aplomo, fuera posible que equilibrara un montón de pedruscos. Así de ligeras fueron las buenas acciones.

Escritas han quedado, fijas e inamovibles, las razones contundentes, y el resultado en estos tres meses es coherente con la sentencia, basada no sólo en palabras, sino en los hechos y las pruebas concluyentes presentadas por el fiscal, que han desmontado los argumentos de la defensa, se ha reconocido el dolo y perjuicio, y con el fallo en contra, la acusada ha pasado a recibir su merecido.

Una decisión en firme que resuelve y pone fin a las dudas sobre el valor y la calidad entre el trato ofertado y el recibido.

Y al que le pique que se rasque, no se puede recurrir y vale de poco quejarse.

La vista quedó lista.

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