Tengo finas espinas clavadas como agudas agujas en vena que me vuelven poeta sin poema a quien el silencio condena; se consume la vela, el corazón se hiela, no hay comida ni cena y de pena muere quien armó la Marimorena. La puerta quedó abierta, y dentro la vida está muerta.

Autoterapia de café en espera, que siempre se esmera en ser el primero en escena, salir ufano de la tetera, y justo en el instante que acelera, encima de la mesa yacen la lechera, las peras, y el plátano pelado, untado en cacao, dulce fruta que disfruta la que degusta a disgusto.

Se me erizan los rizos cuando me encuentro de nuevo con el minino, gatuno felino, buscando entre grandes perales pequeños ratones, caleidoscopio en mano, majismo, natural y sonriente, sorprende cuánto le gusta la gente… Me hago la indiferente, entre animales gesto usualmente corriente. Lo entiendo, me entiende, se enciende, me enciende, no somos gatos, supuestamente somos humanos racionales, homo habilis con posibilidades sapiens sapiens…

Biología y filosofía, manos y labios, luz y día, noche y reproche, pros y contras, avance-retroceso-play-pause/standby-on-off. Y como siempre, el run-run de la mente, de pensamiento perenne y un eterno inconsciente, me sale con alguna estúpida canción de letra incisiva, que afina la puntería clavada en la espina,

También a él le pasa con el cine, y a Bruto con las imágenes.

Cambio. Nada de palabras y frases hechas, dichas y desdichas, música clásica encerrada en cámara insonorizada donde el silencio es la nada que lo ofrece todo. Dejo escapar las notas, dejé de querer entender los espacios vacíos entre líneas, y empecé a llenar el móvil de partituras con las que limpiar mis oídos. El piano es pulcritud, belleza sonora, compañía serena. Beethoven me pone, me enternece, en su melodía todo presente desaparece, nada ni nadie se le parece, sus baladas me enloquecen, y en el efecto de sus armónicos de piano, decrece desaparece y perece la ofensiva, da pereza estar siempre a la defensiva. Huida a través de la evasiva sonoridad y excesiva sororidad, crece en mis manos el deseo de tocar y limar asperezas.

Incluso realizar proezas de baile apetece.

Yo-mi-eríz@-me las canas, ríz@-me los pezones, erotiz@-me el vello púbico, y sonris@ mi comisura. ¿Es necesario desabrochar la camisa de la cordura para desatar la aventura?

Y supuestas superpuestas travesuras para el 2020

Ato cabos y me desnudo a menudo, en la búsqueda de un conjuro que me evite en el futuro, toda feraz ferocidad, bondage sin bondad y dura armadura; comer fruta dulce madura y cagar blandura, sin espesuras ni esperas para ser feliz.

Una pareja fictcia y posible sólo en fotomontaje, Ozuna Kaname y Fyodor Pavlov

Es mi retiro, me recreo con lo que puedo. 86400 segundos a diario consuelan el duelo de cada fallido intento por crear intensos momentos. Si me preguntas, prefiero verlo congelado que consumido por el fuego.


Y a mediodía, un descuido, y otra vez la penosa e insidiosa sinfonía del ruido en el oído.

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