Así en tu tierra como en la mía.

Mantengo en firme tu despedida, así pasen todas las noches y el resto, sin rastro de vida. Sin trato no hay contacto, se acabó tanto teatro y tu interpretación del acto sexual.

Desde que tú no me quieres, ni me besas ni me miras, tampoco me invitas, ni recibes, ni saludas, recordé tu renuncia a mi compañía para ir a comer al soto haciendo lo que me sale del choto, junto a mi familia.

ay mare mare no mate usted al pollo…

No te des por aludido, de haberlo sabido no me habrías confundido ni hubiera confiado en este camino tan perdido. Tan sólo he elegido, yendo de paso y por confusión de horario, comer un bocadillo en un lugar conocido. Y de paso una ligera siesta para el descanso, en un remanso de agua a la orilla del río, azul como el cielo y frío como tu olvido.

Saliendo con la directa, la tentación me quedó a la izquierda, cambié tu heladera de mierda por una fresquera a la sombra. Apenas pisé la acera ni levanté la mirada del suelo, en el consuelo de no ser reconocida, superando el duelo de echarme de tu vida y dejarme fuera sin valorar la mía.

Fue una rápida visita, fugaz, esporádica y casual como fueron la mayoría de nuestras citas.

A diferencia de ellos, a mí no me queda tema que quema.

Dejando atrás tu camino de mal atino, llevé mi compromiso de consumo reducido y pérdida de mundo conocido hasta llegar a destino sin desatinos, salvo el constante run run del acelerador, aderezado con el ruido ensordecedor de la música del exterior, a la par que mi cabeza vibraba de emoción disfrutando de la porción de lionesas espolvoreadas con cacao, a modo de poción mágica como solución a una conducción con motor de una relación sin dirección, con fricción sin rozamiento y desgaste sin razón.

Hacer desaparecer una fantasía debe ser lo más fácil para quien apenas cree, ni por tanto confía en lo que no está presente. Dejar la mente sapiens libre de espíritus incognoscibles e irreconocibles, es lo más sabio que me has enseñado para disfrutar del presente aquí y ahora en cada instante que se ofrece para el deleite de los sentidos. Con sentidos, como siempre ha sido, y siempre será. Hasta aquí la única libertad.

La libertad de sentir.

Hoy es otro día, calma y alegría infortunias, sin euforia contenida y sin hacer desaparecer la ira que acompaña mi lírica. Tal cual fue tu elección, jamás me volveré a acercar, y si te viera, cruzaría la carretera antes de obligarte a saludar o ver cómo te alejas a la carrera.

Hágase la voluntad final de tu perversión sin bondad ni piedad. Cruel y malsano ha sido tu regalo de amor, un sí quiero de sexo envenenado, infértil y corrupto, de gérmenes extraños colonizando mi útero sin cuidado con tu infiel gusano, demente insano.

Menos mal que el coronavirus nos ha pillado por separado, no quiero ni pensar en lo que hubiera pasado, y mal que menos, que por una vez fuiste decidido, aunque fuera para destruirlo todo convencido de tener motivo.

La clave del porque aguanté más de lo razonable.

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