Thor Amasarok

Maestro panadero, profesional de las mezclas y los fermentos, en hombros de acero reposan tus dedos, junto a tus manos, que bien podrían ir solas, porque grandes son y en buena sintonía se mueven…quisieran las mías hacerlas compañía, como el vaivén de mis ojos ante su controlada sincronía.

Tus yemas calientan la vida y estiran la harina, prueban la rutina del equilibrio gustativo, mandan y ordenan el trabajo en equipo, tus manos dirigen la orquesta, dan forma a las texturas, mousses y cremas, las musas te inspiran y despiertan en ti la sensibilidad afectiva, pasión por las masas bien fermentadas, las emulsiones libres de aire, humedeces y atemperas, dejando sin aliento mis palabras, observo embelesada tu concentración extasiada, batiendo, removiendo, boleando, me pierdo en el camino que lleva a tus brazos, caigo derretida en tu sonrisa, en tu energía contagiosa elevo mis plegarias como novicia prometida en un altar común, el de la elaboración de panes y planes puestos al servicio de lo divino, la calidad enriquecida, la ampliación de miras, y la eliminación de minas, bien sean grumos o impurezas.

Si te pillo con las manos en la masa, no digas nada, tan sólo acompaña tu mirada hacia dónde quieres que me ponga en la mesa; si me dejas, extenderé focaccias y fundiré chocolate, y si me besas, daré por satisfecho mi trabajo bien hecho.

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